En ‘El gran gramatizador automático’, el autor británico imaginó una máquina capaz de producir relatos y novelas de forma automática. La periodista y escritora Analía Sivak analiza el texto y su vínculo con las discusiones actuales sobre la creación artística y la tecnología.
El cuento El gran gramatizador automático, escrito por Roald Dahl en 1953, narra la historia de dos hombres que construyen una calculadora automática y luego conciben una máquina capaz de generar textos literarios. Según el relato, el dispositivo puede producir un relato de cinco mil palabras en treinta segundos y permite seleccionar categorías, temas y estilos literarios, así como regular la pasión mediante pedales.
Los protagonistas, Adolph Knipe y su socio, fundan una agencia literaria que vende cuentos y novelas producidos por la máquina. Ante el éxito, planean ofrecer contratos de por vida a los cincuenta escritores más exitosos del país para que dejen de escribir y permitan que sus nombres firmen los textos generados automáticamente.
En el desarrollo del cuento, el socio de Knipe pregunta: «¿Y la necesidad de crear, Knipe?». La trama avanza hacia un final que la autora del artículo califica como desolador.
La nota, publicada en el sitio Enclave Política y firmada por Analía Sivak, periodista y escritora, establece un paralelismo entre el relato de Dahl y los debates contemporáneos sobre la inteligencia artificial y la producción artística. Sivak señala que «cualquier similitud con nuestro tiempo no es mera coincidencia».
Sivak es autora de los libros Algún día hablaremos de amor, El instante, Nórdicos: Mitos + Leyendas y El mundo se dio vuelta como una media. Nació en Buenos Aires en 1976, estudió Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires y completó un Master en Creación Literaria en la ECH de Madrid. Coordina talleres de escritura creativa y ha recibido premios por sus relatos.
