El artículo original, firmado por un autor no identificado, plantea una reflexión crítica sobre el uso del término ‘republicano’ en la política argentina actual y las tensiones entre el oficialismo y la oposición.
El artículo titulado ‘¿Republicanismo gorilista o republiqueta libertaria?’ aborda la discusión sobre el significado del republicanismo en el contexto político argentino, a partir de la asunción de Javier Milei como presidente. El texto sostiene que el gobierno de Milei habría evidenciado contradicciones en dirigentes que se autodenominan republicanos.
Se menciona al politólogo Martín D’Alessandro, quien antes de las elecciones legislativas planteó el dilema de un polo antiperonista que debía tolerar una liturgia populista. Asimismo, se cita a Natalio Botana, quien advirtió sobre los efectos nocivos de la polarización discursiva, que incluye llamados a odiar a periodistas y críticos, y que se naturaliza castigando la moderación y el debate.
El texto relata que semanas atrás el jefe de Estado llamó a odiar a periodistas en un colegio secundario de gestión privada. Ante esto, la diputada Sabrina Ajmechet argumentó en defensa del presidente que ‘es parte de su personalidad’, según el artículo. El autor contrasta esta postura con la de quienes se horrorizaban cuando otros dirigentes populistas atropellaban la institucionalidad.
Luego, el artículo se pregunta bajo qué ropaje se puede ser republicano si no se respeta una ley, y menciona específicamente el incumplimiento de un fallo judicial que obliga al Gobierno a cumplir con la Ley de Financiamiento Universitario. También cuestiona cómo se puede ser republicano si no se respeta la división de poderes.
El texto afirma que la respuesta que encuentran algunos es el antikirchnerismo, y hace una mención a un sector que considera verdaderamente republicano, minoritario pero coherente, que no se subió al tren del poder populista. Finalmente, concluye que Milei mostró lo atractivo que es el populismo, una tentación en la que muchos caen, incluso quienes pretendieron ser la voz moral.
