Julieta vive con sus hijos Tiziano, de 14, y Naomi, de 11; tenía el prejuicio de que postularse como familia adoptiva sería un trámite demasiado largo; “los conocí y en tres meses estaban viviendo en casa”, cuenta
Cuando Julieta conoció a quienes después la elegirían como su madre, no podía parar de llorar. Trató de explicarles que eran lágrimas de felicidad, pero Naomi y Tiziano, que en ese momento tenían 8 y 11 años, no entendían. Julieta les preguntó si los podía abrazar y ellos aceptaron. “Ese momento, que fue en 2023, marcó un antes y un después en mi vida. Para mí ya no había marcha atrás. Yo ya era su familia, si ellos me elegían como mamá”, cuenta.
Naomi le había armado una libreta con tapas de cartón, que decía ‘mamá’ en una portada y tenía dibujado un corazón en la otra. Tiziano le mostró varios de sus dibujos y se los regaló.
Julieta formó su familia en 2024, cuando adoptó a Tiziano y Naomi, que hoy tienen 11 y 14 años. Dice que se convenció de que quería ser madre después de la pandemia y se inscribió en el registro en 2023. “A los 5 años jugaba con mis peluches a que era mamá por adopción. Esa idea me acompañó, pero tardé mucho en inscribirme para adoptar porque tenía el prejuicio de que el proceso tardaba años. Si no hubiera sido por eso, habría formado mi familia mucho antes”, explica Julieta.
Los tres viven en Parque Patricios, a unas cuadras de la cancha de Huracán. Julieta es directora de teatro y profesora de actuación en la Universidad de las Artes y la Escuela Metropolitana de Arte Dramático. “Tengo 52 años y mis hijos tienen 11 y 14, pero yo soy madre primeriza. Hay un montón de cosas que estoy descubriendo y aprendiendo todo el tiempo”, reconoce. Tanto Tiziano como Naomi dicen que Julieta es muy buena, alegre y divertida, que siempre está ahí para ellos cuando la necesitan.
“Mamá siempre nos da consejos. Hace poco tuve una competencia de gimnasia artística y ella me dio consejos para que no me ponga nerviosa, porque tengo mucha vergüenza. Siempre nos pregunta qué queremos hacer, qué queremos comer. En el hogar nunca nos preguntaban eso”, dice Naomi.
Julieta cuenta que sus hijos vivieron muchas situaciones de abandono, que estuvieron durante cuatro años en el hogar y que pasaron por una vinculación fallida. “Para mí, ser madre por adopción significó combinar mi deseo por la maternidad con la posibilidad de convertirme en familia de chicos que la necesitaban. Yo quería transitar la experiencia de la maternidad y pensé: ‘¿Por qué no ser madre de los que necesitan ser hijos y tener una familia?’. Hoy me resulta imposible imaginar otro camino”, dice.
“Tardé en adoptar por los prejuicios que tenía”
Julieta forma parte de los grupos de contención y ayuda de la organización Adopten Niñes Grandes, una asociación civil que busca derribar mitos y prejuicios sobre la adopción en la Argentina. Ella destaca lo importante que es hacer red y tener una comunidad con la que compartir dudas, incertidumbres y herramientas.
“Yo tenía muchos prejuicios sobre la adopción. Lo único que escuchaba, por parte de conocidos míos o personas famosas, es que la adopción era un proceso muy largo y que uno podía estar mucho tiempo esperando. Esa idea está completamente errada”, explica.
Cuando Julieta estaba haciendo los trámites para inscribirse en el registro, le dijeron que se preparara porque iba a recibir un montón de llamados de juzgados de todo el país. ¿La principal razón? Ella había aclarado que estaba dispuesta a adoptar chicos que tuvieran más de 6 años, una disponibilidad que la mayoría de los postulantes no ofrece.
Hoy solo hay 1107 personas o parejas inscriptas y habilitadas para adoptar en todo el país, según reveló LA NACION hace unas semanas. Mientras que según datos del Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos (DNRUA), el 81% de las personas o parejas se inscriben para adoptar niños menores de 3 años y solo el 2% se postula para niños mayores de 10.
“Te cambia un montón la perspectiva pensar en cuántos chicos hay en los hogares, que no todos los que necesitan una familia son bebés: hay muchos chicos más grandes. Todos ellos necesitan una mamá o un papá, y hay que priorizar el derecho que tienen a vivir y crecer en familia”, dice Julieta.
Antes de animarse a adoptar y anotarse en el registro, Julieta esperó a tener un trabajo estable, a tener una casa propia. “Me daba miedo que todo ese proceso durara mucho tiempo, que iba a tardar años en poder formar mi familia. Al final fue todo lo contrario: conocí a Tiziano y a Naomi en septiembre de 2023 y para mediados de febrero del año siguiente ya vivíamos juntos. Si no fuera por esos prejuicios que tenía sobre el proceso, hubiera adoptado muchísimo tiempo antes”, dice.
Sus aprendizajes como madre
Para Julieta, uno de sus más grandes desafíos es mostrarles a sus hijos cosas que salen de la rutina, como irse de vacaciones, festejar sus cumpleaños o celebrar Navidad. “Me costó que se animaran, porque la rutina que tenían en el hogar era muy limitada y no estaban acostumbrados a salirse de eso”, explica.
Recuerda sus primeras vacaciones en Mar del Plata, lo que le costó convencerlos de ir a la playa, meterse al mar. “Estuvimos seis horas en el agua, les encantó. Hoy sigue siendo su lugar favorito para irse de vacaciones”, cuenta.
El año pasado, Naomi pidió un bebé de juguete como regalo para el Día del Niño. A Julieta la sorprendió: su hija no tenía muñecas, y de regalo siempre pedía ropa. “Lo hablé con mi psicóloga, que me dijo que ahora que Naomi tiene una mamá ella también puede jugar a ser una mamá, porque tiene el ejemplo y sabe lo que significa”, sonríe.
Durante el verano, una mañana de domingo fue con Tiziano a la plaza. Había varias familias que estaban sentadas tomando mate, mientras sus hijos chicos, de cinco años, corrían y jugaban con pistolas de agua a su alrededor. “Tiziano los vio y me dijo: ‘Qué pena que yo no tuve infancia’. Ver a esos chicos jugando con sus papás al lado le generó eso. Apenas unos segundos después me preguntó: ‘Pero todavía soy chico, ¿no?’. Ellos siguen buscando vivir esa infancia en familia que se perdieron, aunque ya sean preadolescentes”, cuenta.
Naomi y Tiziano están entrando en la adolescencia, pero todavía son niños. “Pasa algo muy interesante. Por un lado, tienen actitudes muy de adolescentes, quieren hacer todo solos, se oponen a lo que les propongo. Pero por otro, quieren estar pegados todo el tiempo, me abrazan, vuelven de la escuela y me cuentan todo lo que les pasó en el día. Suceden las dos cosas al mismo tiempo, porque también están viviendo esa niñez que no pudieron tener”, dice Julieta.
Casi todos los días, después de cenar, los tres se sientan a ver una película o un capítulo de una serie. “Nos sentamos pegados en el sillón y vamos comentando lo que vemos. Lo que me encanta de ser madre es compartir esos momentos cotidianos donde los tres disfrutamos de algo”, cuenta.
Ahora tienen ese ritual antes de irse a dormir, pero antes había muchas cosas más: Julieta se quedaba en su habitación, les leía un cuento, les hacía cosquillas, les daba un beso. “El primer mes que vivieron en casa, pasaba la noche en su habitación. Tenían miedo de despertarse y que yo ya no estuviera”, recuerda.
“Mi mamá siempre está para nosotros. Es muy alegre y divertida. Para el Día de la Madre, quiero que sea muy feliz y siga con sus sueños”, le desea Tiziano.
Más información
Adopten Niñes Grandes es una asociación civil formada por madres y padres que eligieron adoptar para formar sus familias. Trabajan para concretar el derecho a vivir en familia de los niños, niñas y adolescentes que aún esperan en los hogares. Si querés conocer más, podés:
- Seguirlos en su perfil de Instagram.
- Visitar su sitio web.
Quiero una Familia
Esta nota forma parte de Quiero una familia, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca garantizar el derecho de cada niño a vivir y crecer en familia.
