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lunes, 12 octubre, 2026

Una mujer de 54 años relata dos décadas dedicadas al cuidado de familiares

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Laura Lee Ehrlich, residente de Long Island, dejó empleos y utilizó sus ahorros para atender a cinco seres queridos enfermos. Actualmente cursa estudios de enfermería y cuida a su suegra de 85 años.

Laura Lee Ehrlich tiene 54 años y vive en Long Island. Durante las últimas dos décadas, ha sido la persona de su familia que dejó sus ocupaciones para cuidar a quienes lo necesitaban.

Trabajó durante 17 años en el consultorio de un cirujano, colaboró en el negocio familiar de facturación médica y tuvo empleos relacionados con seguros. Las enfermedades de sus seres queridos interrumpieron repetidamente su carrera.

La cadena de cuidados comenzó en 2002, cuando su hijo era un bebé y su padre sufrió un grave ataque cardíaco. Los médicos calcularon inicialmente que viviría entre seis meses y un año, pero sobrevivió otros seis. Su salud se deterioró de manera progresiva, sufrió pequeños accidentes cerebrovasculares, quedó prácticamente confinado en casa y comenzó a sufrir caídas frecuentes. Ehrlich vivía entonces con sus padres y asumía el cuidado cada vez que su madre no podía hacerlo.

Su padre murió en 2008. Ese mismo año, en julio, falleció inesperadamente su marido. Poco después, su suegro recibió un diagnóstico de cáncer de próstata y Ehrlich volvió a ocupar el lugar de cuidadora: lo acompañó a tratamientos de radioterapia, hizo trámites y, cuando volvió a enfermar años después, terminó convirtiéndose en su apoderada.

Dejó de trabajar y terminó utilizando sus ahorros

Durante algunos períodos consiguió combinar empleo y cuidados. En otros fue imposible. Cuando las llamadas del hogar de ancianos donde estaba su suegro comenzaron a multiplicarse, Ehrlich terminó dejando nuevamente el trabajo. Primero utilizó sus ahorros y después recurrió incluso al dinero que había acumulado en su plan de jubilación.

Luego su tía desarrolló cáncer de páncreas. Ehrlich volvió a convertirse en cuidadora a tiempo completo, acompañándola a quimioterapia y permaneciendo con ella durante horas después de cada tratamiento. Más tarde tuvo que asistirla también después de una cirugía de espalda. Mientras tanto, su madre sufrió graves fracturas durante un viaje y comenzó a presentar deterioro cognitivo. Ehrlich y sus hermanas organizaron turnos para que siempre hubiera alguien con ella. Su madre murió en 2021.

La responsabilidad tampoco terminó allí. Su tía comenzó a mostrar signos de Alzheimer y Ehrlich tuvo que controlar medicamentos, evitar estafas y contratar ayuda. Actualmente también se ocupa de su suegra, de 85 años: la lleva a consultas médicas, administra sus facturas y correo y se encarga de distintas tareas domésticas.

“Cuando ella ya no esté, ahí empezará mi vida”

Ehrlich reconoce el costo psicológico de pasar de una crisis familiar a la siguiente. “Es muy agotador y emocionalmente desgastante”, explicó. Asegura que todavía no ha procesado por completo las muertes de sus padres, su marido y su suegro porque, cada vez que algo terminaba, aparecía otra persona que necesitaba ayuda.

Actualmente cursa estudios de enfermería y espera trabajar algún día visitando pacientes en sus casas. Por ahora no hace grandes planes: “Hay que tomarlo un día a la vez”. Su principal prioridad sigue siendo cuidar a su suegra.

La frase con la que describe su situación resume el efecto de esas dos décadas: “Cuando ella ya no esté, ahí empezará mi vida”. Entre tantas responsabilidades, encontró recientemente una alegría inesperada: el nacimiento de su nieta, a quien define como una nueva luz en su vida.

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