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jueves, 8 octubre, 2026

Defensores de Milei elaboran argumentos para justificar sus insultos

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Funcionarios y aliados del presidente Javier Milei ensayan explicaciones para sus agravios a periodistas y opositores, presentándolos como espontaneidad, reacción ante mentiras o servicio al país. Las justificaciones buscan convertir una conducta cuestionada en una credencial política.

El insulto presidencial ya tiene intérpretes. Mientras Javier Milei multiplica sus ataques al periodismo, sus defensores ensayan una explicación para cada agravio: espontaneidad, reacción ante una mentira o servicio al país. La tarea consiste en convertir una conducta cuestionada en su credencial política.

Alejandro Rozitchner llevó esa operación a su fórmula más explícita. El 7 de octubre escribió en X que el Presidente no insulta «a los que piensan diferente», sino que sus agravios van dirigidos a «mentirosos, operadores y siervos de la delincuencia». Y remató: “Putear a quien lo merece también es gestión”. Milei compartió el mensaje con su aprobación. En ese razonamiento, el que es insultado se lo tiene merecido.

Santiago Santurio aportó la versión cotidiana. “Javier es una persona como cualquier otra, habla como hablamos todos”, dijo el diputado de La Libertad Avanza en Infobae. El argumento presenta la agresividad como autenticidad: el mandatario conservaría el lenguaje de la calle. Queda afuera una diferencia elemental: sus palabras tienen el alcance y el peso de la Presidencia. Y hay modismos como el de «mierdas humanas» que claramente fueron impuestos por él.

Santiago Oría ofrece la explicación económica. El director de Realizaciones Audiovisuales de Presidencia acusó en X a Maru Duffard de responder a los intereses de sus empleadores. Según él, los medios atacan a Milei por haber eliminado la pauta nacional y resistir pedidos de negocios privilegiados. Así, la crítica periodística queda reducida a una represalia empresarial.

Lilia Lemoine eligió la defensa propia. En un mensaje dirigido a Luis Novaresio le reclamó: “En vez de victimizarte DISCULPATE”. En el video que acompañó el posteo, cuestionó que el periodista se quejara de las puteadas de Milei y lo acusó de haberla presentado como agresora cuando, sostuvo, había sido víctima. La respuesta al agravio volvió a ser una acusación contra quien lo recibe.

El repertorio tiene antecedentes. En junio de 2025, Bertie Benegas Lynch defendió ante Infobae que la libertad de expresión ampara también dichos ofensivos. Proteger ese derecho, sin embargo, no obliga a celebrar su ejercicio. Los explicadores borran esa distancia: lo que puede decirse pasa a ser lo que está bien decir. Y el destinatario debe justificar por qué se ofende.

Hay una pregunta que todas esas defensas eluden: ¿quién fija el límite cuando la descalificación sale del poder? Bajo la idea de que cada ataque es una respuesta merecida, cualquier objeción puede convertirse en una nueva prueba de culpabilidad. El círculo vuelve a cerrarse con un nuevo insulto.

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