El candidato Flávio Bolsonaro obtuvo la victoria en la primera ronda de las elecciones presidenciales de Brasil. El resultado, que se define en ballotage, se produce junto a avances de aliados en el Senado, la Cámara de Diputados y gobernaciones. El giro político en la región es analizado en relación con la administración de Donald Trump en Estados Unidos.
El candidato Flávio Bolsonaro ganó la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, según los resultados oficiales. La definición se producirá en un ballotage. En los comicios legislativos y estaduales, los aliados del bolsonarismo obtuvieron victorias en el Senado, la Cámara de Diputados y en 10 de los 19 estados definidos en primera vuelta, incluyendo la reelección de Tarcisio de Freitas en São Paulo con el 62,8% de los votos.
El resultado electoral se enmarca en un proceso regional de consolidación de gobiernos de derecha. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, definió una estrategia denominada «Doctrina Donroe», que según analistas busca alinear a los países del hemisferio frente a la competencia geopolítica con China. En Argentina, el presidente Javier Milei encabeza un movimiento con afinidad política con Trump y el movimiento MAGA («Make America Great Again»).
La victoria de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta se suma a los resultados de otros candidatos de derecha en la región, como Abelardo de la Espriella en Colombia. Según analistas, estos candidatos adoptaron conceptos de la iconografía mileista, como «la casta», «la motosierra», «el león» y «las fuerzas del cielo».
En el plano legislativo, los aliados de Bolsonaro lograron resultados que les permitirían impulsar una agenda que incluye el impeachment de jueces ministros del Supremo Tribunal Federal, en especial Alexandre de Moraes, y el indulto para Jair Bolsonaro. El giro político en Brasil se produce en un contexto de alineamiento estratégico entre la derecha norteamericana y gobernantes de América Latina.
El método de hacer política, caracterizado por la violencia discursiva, los trolls, la desinformación en el ecosistema digital y la intromisión en asuntos internos de otros países, según analistas, se universalizará y podría ser adoptado por otros sectores políticos.
