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domingo, 4 octubre, 2026

Rodrigo Prieto adapta Pedro Páramo para Netflix: el desafío de filmar una novela hecha de murmullos

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El director de fotografía debuta como realizador con una versión de la obra de Juan Rulfo que evita el folclore visual y apuesta por el diseño sonoro y una fotografía que integra a los personajes en el paisaje desértico.

La novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo, publicada en 1955, ha sido adaptada para Netflix por Rodrigo Prieto en su debut como director. La película se estrena en la plataforma y propone una lectura audiovisual que se aparta de las representaciones pintorescas de la ruralidad mexicana.

La trama sigue a Juan Preciado, quien llega a Comala en busca de su padre, Pedro Páramo. En el pueblo, los vivos y los muertos conviven sin distinción. La novela de Rulfo es reconocida por su estructura fragmentaria y por el uso del murmullo y el eco como recursos narrativos.

Prieto, conocido por su trabajo como director de fotografía en films de Martin Scorsese, Alejandro González Iñárritu, Ang Lee y Greta Gerwig, optó por una iluminación que evita los efectos del cine de terror comercial. La luz del mediodía en el desierto, seca y polvorienta, funciona como un peso físico que difumina los límites entre vivos y muertos. Los fantasmas caminan bajo el sol, se sientan en los zaguanes y hablan con voces gastadas.

La puesta en escena integra a los intérpretes en el paisaje: la piel de los personajes adquiere la textura de las paredes de adobe y sus miradas absorben la reverberación del suelo. Según la propuesta del film, no hay una frontera clara entre el cuerpo humano y el ecosistema desértico.

El diseño sonoro cumple un rol central. El crujido de puertas, el viento sobre la vegetación seca, las pisadas sobre la grava y las voces superpuestas construyen la espacialidad de Comala. El oído del espectador detecta la naturaleza muerta del pueblo antes que su mirada.

La adaptación evita el folclore visual asociado a las celebraciones mexicanas de la muerte. La historia expone el caciquismo, la explotación de la tierra y la complicidad eclesiástica con los poderosos. La decadencia del pueblo se muestra a través de herramientas de labranza abandonadas, iglesias con velas consumidas e interiores que pierden color.

La dirección de arte se apoya en una estética seca y mineral, con espacios cerrados iluminados por velas y caminos áridos. Esta elección remite al trabajo fotográfico del propio Juan Rulfo, quien retrató la geografía y los rostros del México profundo en blanco y negro.

En la película, las apariciones a veces miran directamente a la cámara, rompiendo la distancia con el espectador. El vestuario, con linos corroídos y telas cubiertas de polvo, sugiere un tiempo detenido.

El personaje de Susana San Juan, que resiste el dominio de Pedro Páramo a través de la locura y el delirio, es filmado con encuadres inestables y texturas acuáticas, en contraste con la rigidez de la hacienda. La cámara se detiene en los pliegues de las sábanas, el sudor y los murmullos.

La adaptación de Prieto se suma a otras traslaciones complejas de la literatura latinoamericana al cine. La propuesta apuesta por desacelerar el ritmo narrativo y confiar en la contemplación del espectador, en un panorama audiovisual dominado por la explicación pedagógica.

La película está disponible en Netflix. El elenco y la duración no fueron detallados en la información proporcionada.

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