En el 62° Coloquio de IDEA, realizado en Mar del Plata, se presentaron datos sobre la brecha de competitividad del país y experiencias sectoriales. Esteban Domecq expuso cifras comparativas y afirmó que la estabilidad macroeconómica es un punto de partida.
MAR DEL PLATA.- El 62° Coloquio de IDEA abordó la competitividad como tema final. Esteban Domecq, presidente de Invecq Consultora Económica y docente de la Ucema, presentó un diagnóstico sobre la situación argentina.
Domecq afirmó que el país mejoró en competitividad, pero mantiene una brecha frente a Australia, Chile y Brasil. Señaló que en los últimos 45 años Australia acumuló un crecimiento de 272% y Chile de 444%, mientras que Argentina avanzó 106% y atravesó 20 años recesivos. En inversión, Australia y Chile destinan alrededor del 24% del PBI, mientras que Argentina se ubica cerca del 15%. Agregó que Argentina exporta unos US$2000 anuales por persona, mientras que Chile alcanza US$6000.
“La inversión argentina creció muy poco, el país no invierte casi nada: consume mucho y ahorra poco, entonces invierte poco y el consumo, por lo tanto, también crece poco”, explicó Domecq. Y añadió: “La inversión es la hormona que ayuda a acelerar un ciclo de crecimiento sostenido en el tiempo”.
Domecq destacó que Argentina pasó del puesto 66 al 58 en dos años en el ranking de competitividad del IMD, impulsado por la estabilización macroeconómica, la baja de la inflación y el equilibrio fiscal. Sin embargo, indicó que en eficiencia gubernamental ocupa el puesto 65 entre 70 países y en materia impositiva el 66. Mencionó problemas de infraestructura, costos logísticos, financiamiento, presión tributaria, informalidad y capital humano.
“La Argentina está dando pasos adelante en términos de competitividad, pero falta un larguísimo camino por recorrer”, resumió. Sobre el rumbo, sostuvo: “es obvio que es continuidad; acá no hay vuelta atrás, no hay nada que ir a buscar al pasado”. Y agregó: “La estabilidad es un punto de partida, y luego hay que ver cómo pensamos un ciclo económico de crecimiento vigoroso. Hay que concluir y afianzar la estabilización macro, avanzar con la agenda impositiva, infraestructura, costo logístico, costo financiero, marco jurídico, instituciones y capital humano”.
Casos sectoriales
En el Coloquio se presentaron experiencias de energía, minería, agro, industria y empresas internacionalizadas.
Ricardo Markous, CEO de Tecpetrol, afirmó que “Vaca Muerta ya arrancó” y precisó que el sector energético tiene un superávit de US$13.000 millones y que a fin de año producirá un millón de barriles (70% no convencional), para llegar a 1,5 millones a final de la década. Para entonces, el superávit energético crecerá a entre US$30.000 y US$40.000 millones. Hoy se invierten unos US$13.000 millones y el año próximo serán US$20.000 millones. “Vaca Muerta va a aportar los dólares como segundo motor de la economía”, aseguró Markous. Y añadió: “Hay una oportunidad geopolítica extraordinaria. Los US$100 por barril no se ven a futuro, sino que serán US$70 a fin de la década”. Sobre el derrame, dijo: “La respuesta es sí, pero hay que ayudarla. Es clave la articulación público-privada”.
María Eugenia Sampalione, directora ejecutiva de Newmont Argentina, sostuvo que la transformación macro fue clave. “La estabilidad permite transformar la oportunidad en decisión de inversión. La Argentina puede ser proveedor estratégico del mundo, pero el país tiene que repensarse en 20 años”, declaró. Añadió que la competitividad debe acompañarse de previsibilidad, inversión en la cadena de valor, tecnología y diálogo público, además de instituciones que den previsibilidad. “La estabilidad es una condición para la inversión y la conversación público-privada es clave”, completó.
Salvador Muñoz, presidente de Hijos de Salvador Muñoz, empresa salteña con 2000 empleados y más de 40 años, describió: “Comenzamos como agricultores de frutas y hortalizas. Había tres amenazas: la distancia al puerto y centros de consumo, los mercados y el clima. A partir de eso pensamos en dos cosas: diversificar los cultivos y agregar valor. Diversificar para tener más opciones; sumamos granos, legumbres, cereales y el negocio ganadero. Hoy no vendemos nada en estado natural, todo tiene valor agregado y le bajamos el flete a la materia prima”. Sobre la competitividad, afirmó: “los capitales podrán venir, las inversiones se van a hacer, pero es clave la gente, y eso no se compra”. Y sobre el empresario argentino: “El empresario argentino no debería cambiar en nada. Tengo 64 años y trabajo desde el año 83. Pasaron más de 30 ministros de Economía y el empresario se adaptó a todo. El empresario argentino es brillante. Con estabilidad debería seguir haciendo lo que sabe hacer”.
Christian Otero, cofundador de Lucciano’s, cadena de heladerías originada en Mar del Plata con presencia en Estados Unidos, Italia y Marruecos, entre otros países, relató: “Cuando arrancamos, vimos que había una oportunidad en hacer un producto de calidad que se combinara con la experiencia. En un momento casi nos retiramos del negocio, pero luego fuimos dando pasos. Fuimos a Buenos Aires, que nos dio otro volumen, y profesionalizamos la empresa. Y después salimos afuera, a Estados Unidos, donde pagamos mucho derecho de piso; es un mercado complejo. Y en Europa arrancamos por Roma, la capital del helado, y si triunfábamos ahí, podía ser en cualquier lado. Hay que animarse a dar un paso más”. También contó: “Nunca habíamos hecho una actividad industrial y fue un aprendizaje armar equipos, sobre todo en puestos clave de la empresa. Ir al exterior nos enseñó qué hacer y qué no hacer. Estados Unidos fue una gran escuela porque es un mercado difícil. Es clave adaptar los productos a cada mercado también”. Y agregó: “Estamos en nueve países y vamos a seguir abriendo. La Argentina es el Harvard para el emprendedor por las crisis y los cambios de reglas constantes. Hay que animarse a competir. Hay muchos sectores que no están acostumbrados y para salir al mundo es clave competir e innovar”.
Rosana Cordero, CEO de Cordero, pyme proveedora de la industria automotriz con piezas de alta complejidad, afirmó: “En 2001 casi nos destruimos y empezamos una reconstrucción. Competimos contra el mundo, contra Tailandia, contra China. Toyota, como cliente, nos enseñó método, y Ternium, como proveedor, nos enseñó gestión. Éramos 40 personas y hoy somos 400. Crecimos en esa cadena de valor. La cadena de valor es protagonista del cambio”. Y cerró: “Hay que animarse a confiar en el entramado. Dar el espacio para que en cada proyecto haya un grupo de pymes que acompañe, porque somos los que cambiamos la realidad. Pasar de pensar en competidores a colegas, porque no se llega solo”.
