El director del Grupo de Epigenética del Instituto de Investigación del Hospital de Sant Pau analizó el caso de María Branyas Morera, la persona más longeva del mundo, y detalló los factores que influyen en una vejez saludable.
María Branyas Morera nació el 4 de marzo de 1907 en San Francisco, Estados Unidos. En 1914, su familia volvió a España, específicamente a la región de Cataluña, donde ella pasó el resto de su vida. Murió en 2024, a la edad de 117 años, y ostentó el récord de ser la persona más vieja del mundo. Durante sus últimos años de vida, un grupo de especialistas se dedicó a estudiar su organismo para entender cómo pudo vivir tanto tiempo.
La investigación liderada por Manel Esteller, director del Grupo de Epigenética del Instituto de Investigación del Hospital de Sant Pau, y Eloy Santos, investigador del Barcelona Beta Brain Research Center, reveló las claves de su longevidad y escribieron su historia personal en el libro Historia de una Supercentenaria.
“Con el libro queremos explicar todo nuestro trabajo de forma llana y asequible y poner en contexto su historia. No se trata de llegar al récord de 120 años si la persona está fatal”, dijo Esteller en una entrevista a National Geographic.
Según los autores, la genética, la regulación del genoma, la alimentación, el físico y las interacciones sociales influyen en buena medida para llegar con buena salud a una edad avanzada. Además, destacaron que no poseía variaciones genéticas que ofrecen protección frente a enfermedades cardiovasculares, al deterioro cognitivo y la diabetes.
Consultado sobre cuándo una persona debe comenzar a trabajar en su longevidad, Esteller respondió: “La longevidad no se debe empezar a trabajar a los 50 o los 60. Se debería empezar de pequeñito”.
“Por ejemplo, la obesidad infantil deja huellas para después. Cuando eres adulto es difícil cambiar los hábitos. Lo bueno es que, aunque sea tarde, siempre es mejor dejar un hábito tóxico. Si dejas de fumar estás ganando unos años más de salud, pero no llegarás a ser como el que nunca fumó”, comentó.
“Tener muchísimo estrés acorta la vida, pero nada de estrés, también”
María no necesariamente tuvo una vida baja de estrés, ella vio morir a sus padres, a su marido, a sus hermanos y a su hijo. En el plano social, vivió las dos guerras mundiales, la guerra civil española, y sobrevivió al COVID-19 cuando tenía 113 años, convirtiéndose en la mujer española de mayor edad en hacerlo.
“Tener muchísimo estrés acorta la vida, pero nada de estrés, también. Es como un examen, si vas nervioso te irá mal, pero si vas supertranquilo también, porque necesitas un mínimo nivel de estrés”, aseguró el experto en longevidad.
También destacó que María intentaba siempre hacer amigas y que solo en la pandemia de COVID-19 tuvo momentos de soledad.
“Nos contó que cerraba los ojos y recordaba eventos del pasado que la habían emocionado para entrenar la memoria y luchar contra la soledad en la residencia que estaba”, afirmó Eloy Santos, médico del Instituto de Investigación contra la Leucemia Josep Carreras.
Los investigadores también revelaron que la variante genética de María estaba asociada a un mayor riesgo de padecer Alzheimer. Sin embargo, esa posibilidad se redujo con todas las actividades que hacía, lo que le permitía mantener una muy buena memoria.
“Tocaba el piano, tenía amistades y familiares. La interacción social y la vida activa producen redes neuronales alternativas”, explicaron.
Por último, Esteller admitió que María tenía una curiosidad ilimitada: “Leía novelas o libros sobre Egipto, se quería informar, hacía ganchillo y tocó el piano hasta una edad muy avanzada”.
“También tenía una dieta sanísima, ya que en la residencia la suplementaban con proteínas para compensar la pérdida de músculo, que ocurre en los adultos mayores, y es uno de los principales causantes de pérdida de calidad de vida”, finalizó.
