El gobierno porteño inauguró la puesta en valor del Colegio N.° 3 D.E. 2 «Mariano Moreno», en Almagro. La obra incluyó la recuperación del Salón de Actos, cerrado por más de una década, y la restauración del vitral original de 178 piezas.
El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires inauguró la puesta en valor del Colegio N.° 3 D.E. 2 «Mariano Moreno», ubicado en el barrio de Almagro. La obra demandó más de 11 meses de trabajo y restauró, entre otros sectores, el Salón de Actos, el vitral original de 178 piezas y distintas partes del edificio declarado Patrimonio Histórico y Cultural.
Fundada en 1898, la institución educativa fue creada a raíz del crecimiento de la matrícula del Colegio Nacional de Buenos Aires (CNBA), lo que llevó a habilitar la nueva Sección Oeste. Ese antecedente dio lugar, con el tiempo, a la creación del actual colegio. El edificio, ubicado sobre la avenida Rivadavia al 3000, fue construido entre 1909 y 1910 por los arquitectos Eduardo M. Lanús Terrero y Pablo Hary y abrió sus puertas en 1911.
En 2010 fue declarado Patrimonio Histórico y Cultural de la Ciudad, lo que implica que el Estado reconoce su valor para la historia y la arquitectura y lo protege legalmente para que no se pierda ni se altere.
Según informaron desde el gobierno porteño, se pusieron en valor distintos sectores del edificio escolar. En primer lugar, se recuperó el histórico Salón de Actos, que permanecía inhabilitado desde hacía más de 10 años por las condiciones precarias en las que se encontraba.
La intervención también incluyó la restauración de pisos, zócalos y cielorrasos del mismo sector, así como trabajos sobre la mansarda histórica, la escalera principal, carpinterías, herrerías y revoques. En materia de infraestructura, se realizaron trabajos de impermeabilización de la azotea, renovación y reacondicionamiento de las instalaciones eléctricas y sanitarias y pintura general del edificio.
En un recorrido realizado a principios de este año por LA NACION, María Belén Ramírez, jefa de obra patrimonial de la empresa a cargo de los trabajos, explicó que el deterioro del cielorraso estuvo directamente vinculado a las filtraciones: «En algunos sectores el yeso se disgregó y empezó a morir. El trabajo es ir sector por sector, revisar si los ornamentos están seguros y reforzar cuando los alambres están deteriorados». Según explicó, el equipo que trabaja en ese sector está integrado por restauradores especializados y el proceso «es casi arqueológico: vas limpiando, vas viendo cuál es la enfermedad del edificio y tratás de resolverla con las metodologías que tenemos hoy».
Sobre la limpieza del vitral, Ramírez explicó que el conjunto presentaba intervenciones previas y un alto nivel de suciedad acumulada por años de abandono. El proceso contempló una limpieza en seco, una limpieza posterior con productos neutros que no afecten químicamente el material y la reintegración de piezas faltantes con colores similares a los originales. «Cada pieza encastra en la estructura. Son todas distintas. Se hizo un fichaje y un relevamiento de la patología de cada una porque no había informes previos», explicó.
«Se buscó recuperar el edificio sin perder su identidad: conservar sus materiales y detalles históricos y, al mismo tiempo, garantizar espacios seguros, funcionales y adecuados para las necesidades actuales de la comunidad educativa», resaltaron desde la Ciudad en el comunicado.
En esta misma línea, la ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, añadió: «Cuando recuperamos una escuela histórica también recuperamos parte de la historia de nuestra Ciudad. Queremos que estos espacios vuelvan a estar en las mejores condiciones y que los estudiantes puedan disfrutarlos y hacerlos propios».
