Un análisis de series de precios de Argentina y Uruguay muestra que la leche cruda argentina es más barata, pero el costo de llevarla al puerto como leche en polvo entera es 30% mayor. El diferencial promedio entre 2016 y 2026 fue de US$207 por tonelada.
La leche cruda en la Argentina es la más barata entre los principales jugadores de la lechería mundial y regional, según estadísticas citadas en un análisis de la consultora Economía Láctea. Sin embargo, al exportar, la Argentina no ofrece precios más bajos que sus competidores, lo que indica que algo ocurre desde que la leche sale del tambo hasta que llega al puerto transformada en producto lácteo.
El estudio comparó series mensuales de precios de leche cruda, composición y valor FOB de leche en polvo entera (LPE) exportada por Argentina y Uruguay entre enero de 2016 y junio de 2026. A partir de esos datos se calculó cuántos litros de leche se necesitan para producir una tonelada de LPE en cada país.
Debido a que la leche argentina tiene en promedio menos sólidos que la uruguaya, la cantidad de litros necesarios es mayor: en el promedio de la serie, se requirieron 3,8% más litros en Argentina que en Uruguay.
Con el precio y los litros necesarios se calculó el costo de la leche por mes en cada caso, expresado en dólares. En el promedio de la serie, la leche necesaria para fabricar una tonelada de LPE costó US$2496 en Argentina, mientras que en Uruguay fue de US$2665. El mayor costo uruguayo, pese a requerir menos litros, se explica porque el precio de la leche es más alto.
El precio promedio FOB de exportación de la LPE en el mismo período fue de US$3391 por tonelada en Argentina y US$3353 en Uruguay, según datos de las respectivas aduanas.
La diferencia entre el valor FOB de la tonelada de LPE y el costo de la materia prima para elaborarla, que incluye logística de la leche a planta, costo industrial, margen de la industria, logística a puerto y gastos de fobbing, fue en promedio de US$895 por tonelada en Argentina y US$688 por tonelada en Uruguay.
Esa diferencia de US$207 por tonelada implica que llevar leche desde el tambo al puerto bajo la forma de LPE en Argentina cuesta 30% más que en Uruguay. Según el análisis, si Argentina tuviera los costos de Uruguay, la leche podría haber valido en el promedio de la serie 2,6 centavos de dólar más por litro, o bien 40 $/litro más en pesos actuales, lo que representaría un 7,6% más que el precio Siglea de julio.
El informe plantea como interrogante por qué la competitividad de la producción primaria argentina, que se sostiene e incluso crece a pesar de ser la leche más barata entre los grandes jugadores, se pierde cuando la leche sale del campo.
Entre las posibles causas, el análisis menciona que las distancias en Uruguay son menores, lo que afecta la logística, y que el costo argentino está cruzado por impuestos, infraestructura, burocracia y costo laboral, entre otros factores. Respecto del margen de la industria, el texto señala que existe la percepción de que «los industriales se la quedan toda», pero agrega que la cantidad de empresas con dificultades financieras, quebradas o con cambios de manos sugiere que muchas no solo no se quedan todo el margen sino que pierden dinero.
El autor indica que la leche puede representar hasta el 70% del costo de la LPE y que, a pesar de tener ese componente más barato que sus competidores, muchas industrias enfrentan problemas. También sostiene que a otras les va bien, lo que dejaría en evidencia que la gestión industrial es uno de los problemas.
El texto afirma que no se sabe cuánto impacta cada factor y que un benchmarking con apertura de costos de ambos lados del río podría aportar claridad sobre dónde se produce la pérdida de competitividad. Mientras tanto, agrega, todo queda en percepciones.
El análisis menciona que una diferencia de US$200 por tonelada o 2,6 centavos de dólar por litro es un lujo que tal vez la inflación disimulaba o que la producción primaria soporta en un contexto en que, por las retenciones, los arrendamientos no cuestan lo que deberían —más del 50% de la tierra dedicada a tambo es arrendada— y lo mismo ocurre con los concentrados proteicos. Pero las retenciones pueden bajar y hasta desaparecer.
La demanda de proteína animal a nivel global genera una nueva oportunidad para la lechería argentina, pero exige un ajuste de la competitividad tranqueras afuera, concluye el informe. El autor es director de la consultora Economía Láctea.
