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jueves, 10 septiembre, 2026

La psicología explica por qué las personas pasan horas con el celular y postergan las tareas importantes

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Especialistas describen el fenómeno de la ‘dopamina evitativa’, un mecanismo cerebral que lleva a postergar tareas significativas mediante recompensas rápidas, generando culpa y ansiedad.

En los últimos años, dos sensaciones se volvieron familiares para millones de personas: la percepción de que el tiempo pasa volando y la dificultad para concretar tareas planificadas. Este último comportamiento se conoce como procrastinación y, según el estudio «Procrastinación: Cuando las cosas buenas no llegan a quienes esperan», se define como la postergación voluntaria de tareas a pesar de las consecuencias negativas.

Los psicólogos denominan «dopamina evitativa» al mecanismo que se activa cuando lo que se hace durante esa prórroga genera satisfacción. Sebastián Ibarzábal, psicólogo clínico y especialista en conflictos de relación y problemas de comunicación, explicó: «Se le llama así porque la dopamina es el neurotransmisor que regula la anticipación de recompensas y el impulso a buscarlas». El fenómeno se manifiesta, por ejemplo, cuando una persona debe completar un informe laboral y, en su lugar, opta por ver videos en TikTok o lavar platos acumulados. El cerebro procesa esas distracciones como algo positivo y tiende a repetirlas.

«La búsqueda del estímulo instantáneo siempre se activa cuando aparece algo que incomoda, generando un desvío que es eficaz a corto plazo y que, por eso mismo, se repite», añadió Ibarzábal sobre la tendencia a procrastinar durante horas.

El problema de fondo radica en que las recompensas rápidas dificultan la concentración en trabajos significativos a largo plazo, porque no generan el mismo efecto. Victoria Almiroty, licenciada en psicología, agregó: «No procrastinamos únicamente porque existen estímulos gratificantes sino porque ciertas tareas nos confrontan con frustración, autoexigencia, miedo al fracaso, exposición o conflicto con el deseo».

Estas conductas generan alivio inmediato, pero luego aumentan sentimientos de culpa, ansiedad y pérdida de autoestima. «Forman un círculo negativo difícil de cortar», sostuvo Almiroty.

Ibarzábal destacó que, cuando la conducta se vuelve crónica, no solo evita el malestar; también evita el autoconocimiento y la elaboración de experiencias que, aunque incómodas, necesitan ser procesadas.

Cómo saber si te está pasando

Ambos profesionales enumeran los siguientes síntomas de una «dopamina evitativa» crónica:

  • Dificultad persistente para estar sin estímulo, incluso cuando el contexto lo permite.
  • Inquietud o irritabilidad cuando no hay actividad disponible.
  • Uso sistemático de distractores en momentos donde aparecen emociones difíciles.
  • Postergación recurrente de tareas o decisiones que implican contacto con la propia vida.
  • Fatiga que no cede con el descanso, porque el descanso también está ocupado por estímulos.

Frente a ellos, Ibarzábal hizo una salvedad: «Si detectamos estas señales no hay que apurarse a juzgar ni diagnosticar, hay que prestar atención a qué se hace en los momentos en que aparece ese impulso de huir». Ese registro honesto, reconoció, ya es una forma de contacto con la propia vida interior que es, justamente, lo que el circuito de dopamina evitativa impide. «Todo aquello que no se procesa no desaparece: se manifiesta en el cuerpo como tensión, irritabilidad o cansancio sin causa aparente», agregó.

Estrategias para salir del circuito tóxico

Almiroty añadió que, en el caso de las evitaciones que implican el uso de la tecnología, estas son extremadamente adictivas y no siempre pueden ser enfrentadas con voluntad. En casos no tan severos o de detección temprana recomienda emplear estrategias:

  • Desinstalar redes sociales durante períodos de estudio o trabajo.
  • Dejarle el celular a otra persona hasta determinada hora.
  • Procurar no tener el teléfono encima a menos que se trate de una urgencia.
  • Irse a lugares con menor cantidad de estímulos o desarrollar hábitos más analógicos.

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