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domingo, 30 agosto, 2026

La pérdida auditiva en adultos mayores: un problema de salud frecuente y subestimado

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Un otorrinolaringólogo argentino explicó que la pérdida de audición en la vejez suele confundirse con signos normales del envejecimiento y advirtió que el aislamiento social y el deterioro cognitivo pueden aparecer antes del diagnóstico.

Buenos Aires, 29 agosto (NA) — En muchos hogares, escenas como subir el volumen del televisor, pedir que repitan una frase o contestar de manera imprecisa en conversaciones grupales son habituales. Sin embargo, no siempre se las relaciona con un problema de salud auditiva, sino que se las atribuye a la edad, al ruido ambiental o a la distracción.

El otorrinolaringólogo Fernando Diamante (M.N. 93.626) señaló en un informe al que tuvo acceso la Agencia Noticias Argentinas: «El paciente llega a la consulta cuando ya lleva años escuchando mal, casi siempre traído por un hijo o por la pareja y en ese tiempo perdió mucho más que audición».

El especialista explicó que cuando el oído deja de enviar información completa, el cerebro intenta adivinar lo que falta, lo que genera un esfuerzo permanente que afecta la memoria y la atención. Además, un cerebro con pocos estímulos sonoros se desentrena, similar a un músculo sin uso, y la persona tiende a retirarse de conversaciones y encuentros sociales, lo que reduce la actividad cognitiva.

«La mayoría nota fácilmente cuando alguien tiene problemas para ver. Pero una persona con pérdida auditiva puede estar en una reunión, escuchar poco de lo que se habla y quedar en silencio, sintiéndose aislada», describió Diamante.

Un informe de la comisión de The Lancet publicado en 2020 identificó a la hipoacusia como uno de los principales factores de riesgo modificables de demencia, estimando que explica el 8% de los casos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) registra casi 10 millones de diagnósticos nuevos por año en el mundo.

Diamante precisó que la pérdida auditiva gradual puede dificultar la comprensión de dobles sentidos y significados implícitos. Las primeras frecuencias que se pierden son las agudas, necesarias para distinguir consonantes, lo que lleva a que la persona escuche palabras parecidas y responda de manera incorrecta, siendo interpretado como olvido o mal carácter.

La pérdida auditiva también puede derivar en depresión, aislamiento, mayor riesgo de caídas y comprometer la seguridad al conducir, si no se escuchan bocinas o sirenas.

Señales que no deberían atribuirse solo a la edad, según Diamante:

  • Dificultad para seguir conversaciones en ambientes ruidosos.
  • Pedir con frecuencia que repitan lo dicho.
  • Zumbidos persistentes en uno o ambos oídos.
  • Quedarse callado en encuentros donde antes se participaba.

Ante estas señales, el especialista recomendó realizar un examen audiológico para evaluar el nivel de audición y el tamaño del canal auditivo, con el fin de seleccionar el dispositivo adecuado. Las opciones incluyen audífonos (con o sin receta), implantes cocleares en casos de sordera severa, terapias específicas o cirugía, según el cuadro. No existe actualmente un fármaco eficaz contra la pérdida auditiva.

Diamante subrayó la importancia de la rehabilitación temprana para mantener la independencia en las tareas diarias y la participación en actividades laborales, familiares y recreativas. Investigaciones indican que quienes usan audífonos o implantes presentan menor deterioro cognitivo que quienes no reciben ayuda.

«Un audífono no es una prótesis de la vejez ni una rendición. Es un tratamiento, y cuanto antes se indica, mejor se adapta el paciente», concluyó Diamante.

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