Un hombre de 60 años, identificado como J.M., dejó su departamento en el barrio de Sant Gervasi, Barcelona, junto a su esposa y sus dos hijas, para mudarse a una casa rodeada de bosque en Vallromanes, localidad a 30 minutos de la capital catalana.
J.M., de 60 años, residía con su mujer y sus dos hijas en el barrio de Sant Gervasi, en Barcelona, donde comenzó a manifestar molestias por el ruido y la cantidad de gente en las calles. Según relató, el paso del camión de la basura alrededor de las dos de la madrugada era uno de los factores que afectaba su descanso nocturno.
La idea de mudarse existía desde hacía años, pero la decisión se postergó debido a que una de sus hijas era preadolescente y tenía su grupo de amigos en la ciudad. Los padres consideraron que un cambio en ese momento podría generar dependencia de ellos para las salidas. Cuando la hija cumplió 18 años, la familia se trasladó a Vallromanes, ubicada a unos 30 minutos de Barcelona, donde cambiaron el departamento por una casa rodeada de bosque, montañas y vegetación.
En la nueva localidad, la hija menor debió obtener el carnet de conducir para movilizarse con mayor autonomía. J.M. declaró que no volvería a instalarse en la ciudad: “Vivir aquí es estar de vacaciones constantes y si tenemos una urgencia sabemos que podemos estar en el centro de Barcelona en menos de 30 minutos”.
La casa se encuentra rodeada de naturaleza, y el movimiento de la ciudad desapareció de su rutina diaria. Vallromanes cuenta con farmacia, comercios y restaurantes, y la cercanía con Barcelona permite resolver otras necesidades sin viajes extensos. Por las noches, ocasionalmente aparecen jabalíes cerca del jardín, lo que provoca ladridos del perro de la familia.
Según J.M., los ruidos del bosque no tienen el mismo efecto que el tránsito, las personas o el camión de basura que pasaba por su antigua calle. El automóvil adquirió mayor importancia en la vida diaria, razón por la cual la familia esperó a que la hija menor tuviera edad para conducir.
Entre los aspectos negativos, J.M. mencionó la preocupación por robos en viviendas, un problema conocido entre los vecinos de la urbanización. Su casa sufrió un episodio cuando la familia había salido a pasear a los perros. Desde entonces, adoptaron medidas como bajar persianas, comprobar puertas y conectar la alarma al salir.
