El filósofo Isaiah Berlin advirtió sobre la paradoja de la libertad positiva: cuando el Estado define el deber de los ciudadanos, la coerción se presenta como liberación. El avance tecnológico agrega nuevas formas de control silencioso.
La libertad suele asociarse con la ausencia de prohibiciones, pero el filósofo Isaiah Berlin señaló una paradoja: la libertad positiva, entendida como la capacidad de gobernarse racionalmente, puede ser utilizada por el poder para justificar la coerción en nombre del bien del individuo.
Berlin distinguía entre libertad negativa, que es la ausencia de interferencias arbitrarias, y libertad positiva, que implica actuar conforme al deber. Cuando el Estado monopoliza la definición de ese deber, puede concluir que los ciudadanos son incapaces de reconocer su verdadero bien y, por lo tanto, tiene derecho a obligarlos a ser libres.
Esta concepción tiene raíces filosóficas. Séneca afirmó que “la verdadera libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en querer lo que se debe”. Immanuel Kant definió la libertad como autonomía racional, y consideraba que quien sigue sus impulsos no actúa libremente.
El marxismo-leninismo sostuvo que el trabajador alienado desconoce sus intereses y que su libertad consiste en emanciparse como clase; el Partido Comunista se atribuyó la tarea de decidir en su nombre. El fascismo transformó la libertad en un deber hacia la Nación o la raza, y el individuo solo se realizaba al fundirse con la voluntad del líder.
En la actualidad, esta estructura argumentativa puede reaparecer en discursos de distinto signo. Cuando un dirigente afirma que el Estado está capturado o que la sociedad vive alienada, puede concluir que solo un liderazgo excepcional puede devolver la verdadera libertad.
La tecnología digital agrega un componente nuevo: el control se ejerce mediante la predicción y la persuasión, no mediante la violencia física. El big data y los algoritmos registran hábitos, anticipan deseos y orientan decisiones, de modo que los ciudadanos creen actuar libremente. El escándalo de Cambridge Analytica ilustró esta dinámica.
La inteligencia artificial amplía estas capacidades. Algunos Estados manipulan tendencias en redes sociales, bloquean cuentas o difunden narrativas para que los ciudadanos incorporen como natural aquello que el poder considera verdadero.
La batalla por la libertad se disputa en los algoritmos que organizan la información y en las normas que regulan la privacidad de los datos.
La leyenda del Golem ilustra esta paradoja: una criatura creada para proteger a la comunidad de Praga, pero que, al carecer de voluntad y discernimiento, terminó amenazando a la ciudad. La analogía aplica al Estado burocrático, al algoritmo de control social o a cualquier dogma político que promete protección pero olvida que la libertad pertenece al individuo.
