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lunes, 10 agosto, 2026

Daron Acemoglu propone un nuevo contrato de democracia liberal centrado en la clase trabajadora

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El economista Daron Acemoglu, ganador del Premio Nobel, publicó un libro en el que analiza la crisis de la democracia liberal y propone un programa de reformas orientadas a mejorar el nivel de vida de los trabajadores con menor calificación, incluyendo una regulación de la inteligencia artificial.

El economista Daron Acemoglu, ganador del Premio Nobel, publicó un libro titulado What Happened to Liberal Democracy? en el que analiza la crisis de la democracia liberal y propone un nuevo contrato social centrado en la clase trabajadora. La obra parte de una crítica formulada en 2009 por Peter Thiel, cofundador de Palantir, quien sostuvo que la libertad y la democracia ya no eran compatibles.

En un ensayo titulado The Education of a Libertarian, Thiel escribió: «Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles». El empresario argumentó que, desde la década de 1920, el aumento de los beneficiarios del bienestar y la ampliación del sufragio a las mujeres habían convertido la noción de «democracia capitalista» en un oxímoron. Pese a esa crítica, Thiel continuó obteniendo beneficios económicos de las democracias a través de Palantir, empresa que recibió grandes sumas de dinero del NHS.

Acemoglu sostiene que incluso quienes se definen como liberales clásicos comparten rasgos con los liberales de izquierda. Entre esos puntos en común enumera la defensa de derechos y libertades individuales básicas, las restricciones al poder político y una amplia protección de la igualdad ante la ley.

Según el economista, hacia mediados del siglo XX la democracia con rasgos liberales había demostrado su eficacia, con remuneraciones generosas para los trabajadores manuales y una sensación de prosperidad compartida. Su diagnóstico actual es que la democracia liberal atraviesa una crisis porque el ala progresista del liberalismo dejó de hablar de clase económica. En la Europa posindustrial y en Estados Unidos, afirma, la izquierda reemplazó ese eje por la identidad.

La solución que plantea Acemoglu es un nuevo contrato de «democracia liberal de clase trabajadora», centrado en mejorar el nivel de vida de quienes tienen menor educación o calificación. Para ello propone priorizar el crecimiento económico y reducir trabas regulatorias, como las exigencias para ejercer oficios como peluquero o masajista. También plantea ampliar la toma de decisiones a escala comunitaria, con la posibilidad de imitar las asambleas ciudadanas utilizadas en la República de Irlanda. A eso suma una regulación de las redes sociales que las haga responsables, en calidad de editores, por los mensajes que promocionan a sus usuarios.

Otro punto de su programa es legislar en favor de una «IA obrera», que se refiere al uso de sistemas expertos basados en aprendizaje automático para aumentar la productividad de los empleados, por ejemplo, permitiendo que las enfermeras tomen más decisiones médicas. Acemoglu no informa haber consultado a médicos sobre esa idea.

El libro incluye pasajes en los que el autor aborda terrenos de mayor autoridad técnica, como una explicación sobre cómo el código tributario estadounidense incentiva la automatización y la destrucción de empleo. También sostiene que la alta satisfacción social de Noruega y Suecia no respondería a una sabiduría nórdica innata, sino a reformas económicas deliberadas aplicadas en la década de 1930.

Acemoglu reconoce que no existe una «respuesta prefabricada» para algunas tensiones del liberalismo, como el equilibrio entre la cohesión comunitaria y la apertura hacia quienes son diferentes. No obstante, el libro presenta inconsistencias internas, según la reseña. A lo largo de la obra denuncia a las élites progresistas liberales de un modo similar al de los populistas contemporáneos, hasta afirmar que los problemas del liberalismo llegaron al «punto de ebullición». El contraste aparece cuando, después de repasar a pensadores como Rousseau, Hobbes, Locke, Mill, Kant y Voltaire, admite que el propio liberalismo fue «una ideología creada por un grupo de filósofos altamente instruidos».

El libro, por su forma y lugar de enunciación, constituye un ejemplo de los debates de élite que el propio autor considera estériles. La reseña concluye que esa objeción no debería incomodarlo, ya que se parecería a algo que diría un multimillonario de élite como Peter Thiel.

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