Un análisis de estudios académicos revela cómo las videollamadas permiten mantener y desarrollar lazos familiares entre niños pequeños y abuelos separados físicamente, aunque sin reemplazar la experiencia sensorial completa del encuentro presencial.
Durante generaciones, la relación entre abuelos y nietos implicó cercanía física, contacto y presencia sensorial completa. En la actualidad, muchas familias sostienen ese vínculo a través de pantallas. Investigaciones académicas recientes analizan qué tipo de relación permite construir este formato y cuáles son sus limitaciones.
Una revisión sobre videochat y desarrollo infantil, realizada por Gabrielle Strouse y otras investigadoras de la División de Orientación y Psicología Educativa de la Universidad de Dakota del Sur, sostuvo que las videollamadas pueden contribuir a mantener y desarrollar lazos familiares entre niños pequeños y abuelos cuando están físicamente separados. El estudio señala que el videochat permite interacción en tiempo real, con turnos de palabra, atención compartida, juegos simples, canciones, lectura y repetición de rituales.
Por otro lado, un trabajo dirigido por investigadoras de la Universidad de Friburgo (Suiza) y otras instituciones europeas demostró que el olor materno facilita y acelera la respuesta visual del cerebro infantil ante los rostros humanos, según registros electroencefalográficos. Esto indica que una videollamada puede sostener un vínculo visual y auditivo, pero no reproduce la huella sensorial completa del encuentro físico.
Un estudio sobre “virtual grandparenting” encontró que la frecuencia y la variedad de actividades realizadas en video se asociaban con más cercanía familiar y más disfrute de esta forma de comunicación. La evidencia sugiere que lo que fortalece el vínculo es convertir la llamada en experiencia compartida: cantar, esconderse, leer, repetir palabras, enseñar objetos o sostener pequeños rituales importa más que la mera conexión técnica.
Desde la psicología, la conclusión es que los abuelos por videollamada construyen un vínculo real dentro de un formato incompleto. El bebé puede reconocer la cara y la voz, pero no accede al olor, la temperatura, el tacto ni la presencia corporal total. La videollamada no reemplaza el encuentro, pero evita que la distancia se vuelva puro vacío.
