El técnico prepara el equipo para el partido del sábado, por los cuartos de final del Mundial 2026. Las claves de una idea que empieza a tomar forma.
KANSAS CITY (Enviado especial). La pregunta empezó a aparecer apenas bajó la espuma del agónico triunfo sobre Egipto. En los hinchas, en los jugadores y también, naturalmente, puertas adentro del cuerpo técnico. ¿Todavía hay tiempo para seguir buscando una versión mejor de esta selección? ¿O el Mundial ya entró en ese punto en el que conviene dejar de probar, aceptar las virtudes y las limitaciones del equipo y apostar definitivamente por lo que hay? Porque una cosa es modificar sobre la marcha en una etapa de grupos y otra muy distinta es intentarlo cuando quedan apenas tres partidos para ser campeón del mundo. La duda ya no pasa tanto por un nombre o un esquema. Pasa por el margen. Por saber si Argentina todavía puede mostrar una imagen distinta o si deberá llegar hasta donde pueda con las herramientas que mostró hasta ahora: la jerarquía de Lionel Messi, el amor propio de un grupo que nunca se entrega y algunas individualidades que marcan la diferencia.
El propio calendario juega a favor de esa segunda opción. Los primeros partidos dan algunos días para entrenar, corregir y probar variantes. Pero cuando empieza la etapa decisiva ya casi no hay tiempo. Entre los viajes, el calor y el desgaste físico, los entrenamientos se destinan mucho más a recuperar a los jugadores que a pensar cambios profundos.
La práctica del miércoles, por ejemplo, tuvo bastante de eso: los titulares salieron al campo del complejo Compass Minerals con el mate en la mano, muchos de ellos en ojotas o directamente en medias, apenas para moverse un rato bajo el sol, mientras los suplentes realizaban ejercicios con pelota, definición y fútbol reducido. Recién este jueves volvió a entrenarse el grupo completo y, aunque no hubo una práctica formal -y posiblemente tampoco la haya este viernes por la cercanía del partido-, sí hubo trabajos por sectores. Y la señal fue clara: durante gran parte del ensayo, Lionel Scaloni utilizó a los mismos 11 que eliminaron a Egipto.
Repetir formación nunca fue una costumbre en este ciclo. De hecho, el entrenador solo mantuvo los nombres en tres oportunidades: entre los cuartos de final frente a Venezuela y la semifinal contra Brasil en la Copa América 2019; en los amistosos ante Panamá y Curazao que sirvieron para celebrar el título conseguido en Qatar; y entre la semifinal frente a Canadá y la final contra Colombia de la Copa América 2024.
Fueron casos muy puntuales, con equipos ya armados y con poco por probar. Por eso, que ahora Scaloni vuelva a repetir la formación, incluso después de un partido en el que Argentina estuvo a minutos de quedar eliminada, parece dejar algo claro: la decisión de sostener una base y darle confianza antes que volver a tocarla.
Scaloni ya había metido mano fuerte después del encuentro frente a Cabo Verde. Aquella noche, pese al triunfo, entendió que no alcanzaba con un retoque y modificó tres nombres: ingresaron Nicolás Tagliafico, Leandro Paredes y Julián Álvarez. Pero el cambio más importante no fue solamente nominal. La entrada de Paredes modificó la fisonomía del equipo. Le dio otro equilibrio al medio campo, permitió adelantar unos metros a Alexis Mac Allister y cambió la manera de plantarse de una selección que hasta entonces no terminaba de encontrarse. Frente a Egipto tampoco fluyó como pretende Scaloni, aunque mostró una estructura más firme.
Más allá del sufrimiento con el que Argentina revirtió el resultado frente a Egipto, la lectura de Scaloni fue bastante más benévola que la lectura que hizo la mayoría. En público y también puertas adentro marcó cuestiones para mejorar, sobre todo el retroceso, la necesidad de defender mejor con la pelota y de encontrar más variantes en ataque cuando Messi no tiene una tarde inspirada. Pero, al menos por ahora, no encontró problemas de fondo que justifiquen volver a cambiar demasiado.
Eso explica también por qué cuesta imaginar demasiadas variantes frente a Suiza. En diferentes tramos del entrenamiento volvieron a ingresar los mismos nombres que habían entrado frente a Egipto: Nicolás Otamendi, Facundo Medina y Lautaro Martínez. Salvo el encuentro frente a Jordania, cuando Argentina ya estaba clasificada y Scaloni preservó a los titulares, el técnico apostó casi siempre al mismo grupo de futbolistas. Los once titulares y un puñado de alternativas: los laterales, Otamendi, Paredes, Nicolás González y el delantero que espera su oportunidad desde el banco. Salvo Nicolás Paz, que sumó algunos minutos sobre el final de la goleada ante Argelia, el resto prácticamente no sumó minutos cuando la Argentina se jugaba la clasificación.
González entró bien cada vez que le tocó, pero su ingreso supondría modificar otra vez la forma del equipo, una opción que hoy no parece viable. Rodrigo De Paul, uno de los futbolistas que más veces fue reemplazado durante el torneo, tampoco atraviesa su mejor momento, aunque sigue siendo una pieza difícil de tocar. No solo por lo que representa dentro del grupo, sino porque en los partidos decisivos casi siempre da un plus.
Las únicas incógnitas parecen pasar por cuestiones puntuales. Una está en el lateral derecho. Nahuel Molina todavía no encontró su nivel, aunque Gonzalo Montiel tampoco terminó de ofrecer demasiadas garantías, más allá de la asistencia a Messi en el empate parcial frente a Egipto. Además, es el único futbolista del plantel que arrastra una tarjeta amarilla, por lo que una nueva amonestación lo dejaría afuera de una eventual semifinal frente a Inglaterra o Noruega. La otra discusión aparece en el ataque. Lautaro Martínez volvió a mostrar argumentos para pelear un lugar: aprovechó bien los minutos frente a Egipto, generó varias situaciones y asistió a Enzo Fernández en el 3-2 definitivo. Sin embargo, el capitán de Inter también tuvo oportunidades al comienzo del Mundial, mientras que Julián Álvarez apenas suma una titularidad en este torneo y mostró una evolución respecto de sus actuaciones anteriores. Sería extraño que Scaloni diera marcha atrás.
El plantel volverá a entrenarse este viernes y luego el entrenador brindará la conferencia de prensa previa al partido. Probablemente no confirmará la formación, como suele ocurrir, aunque sí podrá dejar alguna pista. Pero la verdadera duda ya no parece pasar por los nombres. La sensación es que Scaloni cree que este equipo todavía puede crecer, aunque sin grandes ajustes. La apuesta ya no parece pasar por cambiar, sino por convencer.
