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lunes, 18 mayo, 2026

La masacre de Bath: el día que un granjero desesperado mató a 38 niños y seis adultos en una venganza

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El 18 de mayo de 1927, Andrew Kehoe, un granjero de Bath, Michigan, voló una escuela y su propia granja, dejando 44 muertos y 58 heridos. La investigación reveló que su motivación fue el aumento de impuestos para financiar el nuevo edificio escolar.

El pequeño pueblo de Bath, a unos 16 kilómetros de Lansing, Michigan, solía ser un lugar tranquilo. El sheriff Robert Fox llevaba una vida apacible, con pocos delitos más allá de hurtos menores. Pero la mañana del 18 de mayo de 1927, la escuela local voló por los aires, la casa de un granjero se incendió y el mismo hombre apareció muerto en su camioneta. El saldo fue de 44 fallecidos: 38 niños y seis adultos, además de 58 heridos.

Al principio, Fox no relacionó los hechos. Al día siguiente, mientras revisaba los restos de la casa del granjero Andrew Kehoe, encontró un cartel de madera atado a un poste que decía: “Los criminales se hacen, no nacen”. Entonces comenzó a sospechar que Kehoe, un hombre respetado en la comunidad, podía ser el autor del mayor atentado con explosivos contra una escuela en la historia de Estados Unidos.

Kehoe, de unos 50 años, era conocido por su excentricidad (solía conducir su tractor con traje) y por su orgullo por sus tierras, heredadas de sus padres y abuelos. Sin embargo, en los últimos meses acumulaba problemas: su esposa Nellie padecía tuberculosis, las cuentas médicas lo agobiaban, el municipio había aumentado los impuestos a sus tierras para financiar una nueva escuela, y acababa de perder las elecciones para secretario municipal. La hipoteca de su casa estaba en riesgo.

El conflicto se agravó en 1924, cuando la junta escolar decidió construir la Escuela Consolidada de Bath y aumentó el impuesto a las tierras de 12,26 a 19,80 dólares por cada mil del valor de los campos. Las tierras de Kehoe estaban valuadas en 10.000 dólares. Sin hijos, consideraba injusto pagar por la educación de los hijos de otros. En junio de 1926, el sheriff le notificó que la hipoteca sería ejecutada. Kehoe respondió: “Si no fuera por ese impuesto escolar, podría haber pagado la hipoteca”. También dijo: “Si yo no puedo vivir en esta casa, no vivirá nadie acá”. Fox no le dio importancia.

Kehoe, que era electricista y miembro de la junta escolar, comenzó a acumular dinamita y pirotol, excedentes de la Primera Guerra Mundial que el gobierno entregaba a los granjeros. Con la llave de la escuela, colocó unos 450 kilos de explosivos en el techo del sótano, conectados a un sistema de detonación programado para las 8:45 del 18 de mayo de 1927.

Ese miércoles, Kehoe mató a su esposa Nellie de un golpe en la cabeza mientras desayunaba, dejó su cuerpo en el gallinero y luego hizo explotar su granja. Ató las patas de sus animales para que no escaparan. A las 8:30, la granja voló. Luego, condujo lentamente hacia la escuela, con la camioneta cargada de explosivos conectados a un detonador manual.

La explosión en la escuela derrumbó completamente el ala norte, pero el detonador del ala sur falló, salvando casi un centenar de vidas. En el edificio había 238 niños y unos 20 maestros. La maestra Bernice Sterling describió: “Fue como un terremoto… el aire parecía estar lleno de niños, pupitres y libros volando”. Los vecinos comenzaron a rescatar a los heridos. Madres corrían desesperadas hacia la escuela.

Kehoe llegó al lugar y, al ver a su archienemigo, el superintendente Emory Huyck, lo llamó con un gesto. Cuando Huyck se acercó, Kehoe detonó los explosivos de su camioneta, matándolos a ambos. La explosión hirió a varias personas, entre ellas al director de correos Glenn O. Smith, que perdió una pierna y falleció.

Al final del día, el recuento fue de 38 niños y seis adultos muertos, y 58 heridos. Nadie sospechaba de Kehoe. Recién al día siguiente, el sheriff Fox encontró el cuerpo de Nellie en el gallinero y el cartel con la frase “Los criminales se hacen, no nacen”. Entonces comprendió la magnitud de la venganza de Kehoe.

La investigación posterior confirmó que Kehoe había planeado el atentado desde el otoño anterior. El miembro de la junta escolar M.W. Keyes declaró: “No caben dudas de que planeó volar la escuela el otoño pasado… Era un electricista experimentado y la junta lo contrató en noviembre para realizar reparaciones en el sistema de iluminación. Tuvo entonces amplia oportunidad para colocar los explosivos”.

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