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miércoles, 6 mayo, 2026

El campo argentino y las cooperativas eléctricas en la encrucijada

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El sector agropecuario enfrenta un dilema entre la modernización energética y las trabas regulatorias, en un contexto de crecimiento exportador y altos costos eléctricos.

El agro argentino está en evolución y listo para una etapa de crecimiento, dadas las expectativas de reducción de impuestos y rebaja de retenciones prometidas por Javier Milei. El sector de la carne está actualmente en un boom inédito por el fuerte crecimiento de la exportación y el alza de los precios internacionales y nacionales. El sector lácteo, por otro lado, está respondiendo a nuevas tecnologías robóticas y de ordeño confinado con múltiples proyectos de grandes tambos bajo galpón, esto a pesar de que los precios de la leche han caído últimamente. El sector granos tiene precios algo deprimidos, pero con una buena cosecha en el “buche” completan un panorama moderadamente alentador para el sector.

Bajo este panorama se está viviendo desde hace algunos años un proceso de “industrialización” de la estancia argentina con la construcción de grandes tambos y feedlots y el consecuente incremento del consumo eléctrico a nivel rural. El suministro eléctrico rural continúa bajo una estructura monopólica, regulada y de alto costo, donde la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico (Cammesa) le vende a las distribuidoras eléctricas, que a su vez venden a las cooperativas rurales y las cooperativas rurales llegan a las estancias, con tarifas finales muy altas que rondan entre los 20 y 30 centavos de dólar el KWH, versus tarifas menores a 10 centavos de dólar el KWH a nivel industrial. A la ineficiencia propia del “supply chain” se agregan los exorbitantes impuestos con los cuales el Estado argentino encontró desde hace algunas décadas otra vía para extraerle dinero al sector. Se trata de un IVA especial del 27% más otros impuestos no recuperables del 17%. Recordemos que gran parte del IVA que paga el campo nunca lo recupera porque tanto granos como carne venden sus productos a un IVA reducido del 10,5%, transformando al IVA en una suerte de impuesto a las ventas y desviándose de su intención original de gravar el valor agregado.

¿Ante el costo eléctrico exagerado, qué alternativas tiene el campo argentino de punta para continuar creciendo y lograr reducir sus exorbitantes facturas eléctricas? Las opciones son dos: La primera es el desarrollo de microredes autónomas con energía solar, baterías de litio y generadores diésel, las cuales se conectan y desconectan de la red pública dependiendo de la hora del día. Estos proyectos reducen la cuenta eléctrica efectiva a 7 centavos de dólar el KWH, recuperándose la inversión en un periodo entre 3 y 4 años, dependiendo del costo efectivo del KWH de cada usuario. Además, este tipo de proyectos tienen importantísimos beneficios para la red eléctrica nacional, ya que la autogeneración en el lugar de consumo alivia la sobrecargada red de transporte eléctrico e incrementa el consumo energético de la red pública fuera de horas pico nivelando la demanda durante las 24 horas. De hecho, el gobierno nacional ha establecido recientemente incentivos para proyectos de almacenaje eléctrico que lamentablemente no incluyen a los productores rurales, ya que la energía generada requiere ser vendida al mismo Gobierno (Cammesa).

La segunda es salirse del monopolio de las cooperativas e irse al Mercado Eléctrico Mayorista o MEM, proceso que ha sido facilitado por recientes reformas del gobierno de Milei (Decreto 450/25 y Resolución 400/2025 de la Secretaría de Energía). De esta forma las estancias grandes actualmente en estatus de Gran Usuario de las Distribuidoras pueden pasar a status de Gran Usuario Menor o GUME en el MEM. Esto conlleva dos ventajas: la primera es la reducción de tarifas al comprar y negociar directo con cualquier proveedor de energía a nivel nacional, y la segunda es poder implementar los proyectos de autogeneración de energía solar con mayor receptividad directamente con la Cammesa. Sin embargo, esto no es tan fácil como suena, porque para que una estancia pueda instalar una micro red autónoma con energía solar, baterías de litio y generadores diésel, le tiene que solicitar una homologación técnica a la cooperativa y se está viendo que las cooperativas niegan estos permisos con argumentos técnicos espurios. Las cooperativas argumentan que la energía solar desestabiliza la red por el exceso de energía producida en horas del mediodía, lo cual es totalmente falso, ya que los proyectos con baterías de litio trasladan el excedente de energía del mediodía para su consumo en horas nocturnas convirtiéndose en cero “export” hacia la red pública. La verdadera razón detrás de las negativas de las cooperativas es el deseo de mantener su poder monopólico sobre sus clientes grandes y seguir cobrando tarifas altísimas.

Por otro lado, la instalación de microredes autónomas como las descritas es tecnológicamente ambicioso, ya que requiere el desarrollo de “software” particularizado al proyecto y son pocas las estancias que están preparadas hoy para implementarlo. Son proyectos que llevarán su tiempo, ya que estamos hablando de una tecnología incipiente, en la cual Europa, por ejemplo, siendo precursor mundial en energía solar, recién ahora está avanzando en estos sistemas.

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