China recupera su liderazgo histórico en ciencia y tecnología, impulsada por inversiones masivas y un sistema educativo de excelencia.
China ha dejado de ser solo la gran fábrica del mundo para convertirse en su principal laboratorio de innovación. Con megaciudades como Shenzhen, que pasó de ser un conjunto de aldeas pesqueras en 1979 a una metrópolis de 17 millones de habitantes, el país asiático lidera en robótica, inteligencia artificial y producción de drones.
Históricamente, China fue pionera en inventos como la pólvora, la imprenta y la brújula. Sin embargo, durante las dinastías Ming y Qing (siglos XVI al XVIII), perdió su ventaja tecnológica debido a factores como una población masiva que desincentivaba la mecanización, un sistema de exámenes que absorbía talento hacia la burocracia y un neoconfucianismo que relegaba las matemáticas. Mientras Europa fomentaba la ‘ilustración industrial’, China priorizó la estabilidad interna y la agricultura.
El historiador Kenneth Pomeranz, en su obra La gran divergencia, explica cómo Europa eclipsó a China en desarrollo científico. La pregunta de Joseph Needham —’¿Por qué China, siendo líder tecnológica durante siglos, no originó la Revolución Científica?’— encuentra respuesta en el ‘feudalismo burocrático’ chino, eficaz para la estabilidad pero no para la innovación.
Hoy, el gigante asiático revierte esa tendencia gracias a la apertura económica de Deng Xiaoping en 1978 y las ‘Cuatro Modernizaciones’. Bajo el liderazgo de Xi Jinping, China busca restaurar su gloria perdida tras el ‘siglo de la humillación’ (1839-1949). Inversiones masivas en I+D, un sistema educativo centrado en STEM y la fluida conexión entre laboratorio e industria son los pilares de este renacimiento.
China genera más ingenieros y graduados en ciencia y tecnología que Estados Unidos y Japón juntos. Shenzhen, apodado el ‘Silicon Valley chino’, alberga a empresas como Huawei y DJI, líder global en drones. Mientras Occidente experimenta con prototipos de robots, las firmas chinas ya comercializan modelos domésticos con inteligencia artificial, aspirando a que sean tan comunes como un smartphone.
