Testigos del paso del tiempo y la transformación del escenario urbano, un repertorio de árboles históricos desafía la premisa actual de constante reinvención, a la vez que evoca historias y leyendas. Herencia cultural y botánica, su legado aún se disfruta en diversos rincones de la Argentina.
Corría noviembre de 1875. El presidente Nicolás Avellaneda inauguraba el Parque Tres de Febrero y en el acto plantaba una “magnolia americana del bosque primitivo”. El hecho sucedió el día 3 de febrero de 1852, conmemorando la caída de Rosas en la Batalla de Caseros. Ese bellísimo ejemplar de Magnolia grandiflora aún subsiste. Muchos no recuerdan que el parque, hoy conocido como Bosques de Palermo, se asentó sobre una antigua propiedad del mismo Rosas, tras su derrota, por decreto provincial, fue expropiada para su uso y disfrute público. El ejemplar, destacado por su tamaño, con hojas perennes y flores blancas de intenso perfume, se ubica en la Av. Adolfo Berro, entre Av. Sarmiento y Av. Casares. Quien se acerque podrá ver la placa conmemorativa que incluye una cita del discurso de Avellaneda, que la describe como un símbolo de pureza y destaca la importancia de las obras públicas. El Parque, parada obligada de turistas de todo el mundo, es uno de los espacios verdes más relevantes de la capital argentina.
Plantado nada menos que por Francisco P. Moreno —más conocido como el Perito Moreno—, el primer árbol en ser declarado histórico fue un guaribay, a través de un decreto de 1943. Aún hoy puede vérselo en el Instituto Bernasconi, Parque Patricios, donde se cree está desde 1872. El naturalista y geógrafo, impulsor de la creación del primer Parque Nacional (Nahuel Huapi), plantó el ejemplar en su quinta familiar, donde planeaba albergar su primera colección museológica. En una fotografía del diario LA NACION, Moreno aparece junto a “su árbol”, en 1912; esto sería unos años antes de la liquidación de sus bienes. El Schinus molle crece de forma silvestre en el centro y norte de Argentina. Los incas lo consideraban sagrado y su fruto se consume como alternativa a la pimienta. Con seis metros de altura, fue plantado sobre una lomada, por lo que se impone a la vista, con ramas extendidas hacia afuera, hojas delgadas y largas que caen para cubrir casi por completo el suelo.
Sobre la Plaza Lavalle, sorprende por su belleza una sterculia (Sterculia monosperma). Entre las calles Lavalle, Av. Córdoba, Talcahuano y Libertad, este espacio supo ser una quinta conocida como Hueco de Zamudio, en honor a su propietario. Alojaba a delincuentes y más tarde fue un espacio de carretas, hasta que en 1822 pasó a ser la Plaza del Parque. Con el tiempo se construyeron a su alrededor el Palacio de Tribunales, el Teatro Colón y la Escuela Julio A. Roca. Dado su vigor, esta especie exótica de origen tropical alcanza los ocho metros, con una copa amplia y extendida. En verano-otoño sus frutos rojos brillantes se lucen a la distancia, así como sus hojas redondeadas de un verde brillante. Una reja redonda de color verde acompaña el cromatismo y protege este ejemplar histórico.
Imposible obviar el gomero de la Recoleta, en la Plaza Intendente Torcuato de Alvear, más precisamente frente a la histórica Basílica del Pilar. Rareza botánica, intervención artística e hito histórico, el ejemplar impresiona por su porte y tamaño. A través de los años, el gomero (Ficus macrophylla) resistió al trazado de calles, avenidas y edificios. En la actualidad, su copa se extiende a más de 30 metros de diámetro, con ramas tan gruesas como un árbol, una de las cuales fue intervenida por una escultura creada por Joaquín Arbiza Brianza, que a su vez le sirve de apoyo. Con 18 metros de altura y un tronco de 7 metros de diámetro, sus hojas son verde oscuro de un lado y rojizas del otro, sus flores son amarillas y sus frutos violáceos.
En la Ciudad de Buenos Aires hay 6 árboles que están vinculados a hechos históricos de relevancia y cuentan con protección por decreto del Poder Ejecutivo. En Humberto 1º 343, San Telmo, dos Magnolia grandiflora datan de fines del siglo XVIII/principios del XIX. Declarados históricos en 1969, se ubican frente a la escuela Dr. Guillermo Rawson, en el terreno que ocupaba el hospital de la Orden Bethlemita. Más tarde, el hospital fue reemplazado por la Primera Escuela de medicina: el Protomedicato de Buenos Aires. Parte del paisaje histórico de San Telmo, su sombra de más de 200 años es la preferida por los chicos que asisten a una escuela que funciona apenas a unos metros, y en los recreos se sientan allí a leer. Son más de 15 metros de altura de esta especie originaria de América del Norte, cuya flor atractiva y aromática es un regalo para los vecinos, que recuerdan su historia gracias a una placa honorífica.
En Córdoba, un nogal histórico tenía grabado el nombre de Domingo F. Sarmiento. Se trata de un árbol de la legendaria Estancia de Jesús María, a la sombra de cuya copa Sarmiento y Aurelia Vélez compartieron un verano entre 1879 y 1880. Fue luego de finalizado su mandato como presidente.
