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sábado, 2 mayo, 2026

Un estudio de Harvard revela cómo la relación entre hermanos impacta en la salud a largo plazo

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Investigadores de la Universidad de Harvard siguieron a más de 5.800 adolescentes durante 20 años y encontraron que el vínculo fraterno influye en el sueño, el optimismo y la salud mental en la adultez.

Un estudio publicado en 2025 en la revista Social Science & Medicine por investigadores de la Universidad de Harvard analizó durante aproximadamente 20 años a más de 5.800 adolescentes para medir cómo el amor entre hermanos se asocia con indicadores de salud y bienestar en la adultez. Los resultados muestran que quienes reportaron mayor amor hacia sus hermanos durante la adolescencia presentaron, dos décadas después, mejor salud del sueño (menor riesgo de apnea y trastornos del descanso) y mayor optimismo. Por su parte, quienes reportaron mayor amor recibido de sus hermanos mostraron menor riesgo de ansiedad y depresión en la adultez.

La relación con los hermanos es, en la mayoría de los casos, el vínculo más largo que una persona tendrá en su vida, más que con los padres o con cualquier pareja, ya que comienza en la infancia y puede extenderse hasta la vejez. Sin embargo, es uno de los vínculos menos estudiados por la psicología del desarrollo. Un artículo publicado por la Asociación Americana de Psicología en 2022 señala que durante décadas la investigación sobre relaciones familiares se concentró casi exclusivamente en el vínculo entre padres e hijos, dejando en segundo plano la dinámica entre hermanos, a pesar de que esta puede ser igual o más influyente en el desarrollo emocional y social.

Susan McHale, profesora de Desarrollo Humano y Estudios de Familia de la Universidad de Penn State, señaló en dicho artículo: “Los hermanos son la relación más duradera de la mayoría de las personas, lo cual significa que pueden entenderte de maneras en que otros no pueden”. Los datos respaldan esta afirmación: en Estados Unidos, más niños crecen con un hermano que con un padre presente en el hogar, y los niños pasan más horas fuera del colegio con sus hermanos que con cualquier otra persona.

Un paper publicado en Clinical Child and Family Psychology Review sostiene que, por su intensidad emocional, su carácter no electivo y su extensión a lo largo de la vida, la relación fraterna es “una fuerza motriz en la competencia y el éxito de una persona en la escuela, con los pares y en las relaciones románticas, así como en sus dificultades con la autoestima, la depresión y los comportamientos de riesgo”.

El estudio de Harvard distingue entre dos direcciones del amor fraterno: el que se siente y el que se recibe. Querer a un hermano, independientemente de si ese amor es correspondido, parece generar una orientación más optimista hacia el mundo, lo que podría explicar la mejora en el sueño y el mayor involucramiento cívico. Sentirse querido por un hermano, en cambio, parece operar más directamente sobre la salud mental, reduciendo la vulnerabilidad a la ansiedad y la depresión.

La cara opuesta también está documentada. Un estudio de Gallagher et al. (2018) publicado en el Journal of Youth and Adolescence siguió durante tres años a 196 pares de hermanos adolescentes y encontró que ser blanco de agresión relacional por parte de un hermano —exclusión, manipulación, humillaciones dentro del entorno familiar— se asociaba con síntomas depresivos, conductas de riesgo y menor autoestima. Así como el vínculo fraterno puede ser una fuente de protección, también puede ser una fuente de daño, dependiendo de cómo se desarrolle.

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