El término «ucranización» describe un proceso en el que las crisis regionales, como la de Irán, se convierten en conflictos prolongados que desgastan la economía global y desafían el orden internacional establecido.
El concepto de «ucranización» ha cobrado relevancia en el análisis de las relaciones internacionales para describir un escenario donde los conflictos regionales, como el de Ucrania, se transforman en guerras de desgaste prolongadas que erosionan la noción de soberanía y afectan los mercados energéticos y alimentarios. Según diversos analistas, este modelo se está replicando en Oriente Medio, particularmente en la situación con Irán.
Irán, al poseer cerca del 20% de las reservas mundiales de petróleo y gas licuado, representa un riesgo sistémico para la economía global si el conflicto se intensifica. La «ucranización» del Golfo Pérsico implicaría una disrupción logística que las economías occidentales difícilmente podrían absorber, elevando el precio del crudo y generando tensiones en el sistema de acumulación capitalista.
Las grandes potencias, incluyendo Estados Unidos, parecen haber perdido capacidad de disuasión y enfrentan dificultades para retirarse de la región sin mostrar debilidad. El canciller alemán Friedrich Merz señaló que la Casa Blanca «está siendo humillada por Irán», lo que afecta la economía global. China, por su parte, observa el desgaste de Occidente mientras fortalece su propia influencia financiera.
El conflicto también ha impulsado una carrera armamentista asimétrica, donde armamento barato como drones y misiles puede neutralizar tecnología costosa. Además, el uso del dólar y el sistema SWIFT como herramientas de presión ha llevado a Rusia e Irán a crear un ecosistema financiero paralelo, debilitando las sanciones occidentales. Recientemente, el banco central francés repatrió sus reservas de oro desde Estados Unidos, y otros países europeos debaten hacer lo mismo, mientras Euroclear evalúa invertir en bonos chinos.
En este contexto, la diplomacia tradicional parece ceder paso a una gestión de crisis permanentes, donde la comunicación entre bloques está rota y el desorden se vuelve sistémico. La «ucranización» representa, según fuentes diplomáticas, el paso de una crisis de precios a una crisis de viabilidad del orden internacional.
