En la isla de Sør-Hidle, un jardín con más de 50 mil plantas anuales, palmeras y playas convive con el frío nórdico. El proyecto familiar, que comenzó en 1965, hoy incluye un invernadero autosuficiente y un restaurante.
Noruega es conocida por sus paisajes extremos y climas rigurosos, pero en la isla de Sør-Hidle, en la región de Ryfylke, existe un rincón que desafía esa imagen. Se trata de Flor & Fjære, un jardín tropical y restaurante que alberga palmeras, playas, lagunas, cascadas y más de 50 mil plantas anuales. El acceso se realiza mediante un crucero de 20 minutos desde Bekhuskaien, atravesando el fiordo.
La historia comenzó en 1965, cuando Aasmund y Else Marie Bryn compraron una granja en el norte de la isla. Aasmund, por problemas de salud, necesitaba un clima más cálido, y la isla ofreció condiciones ligeramente más templadas que el resto del país. Tras mejorar, plantó pinos para proteger sus cultivos de los vientos y comenzó a cultivar palmeras, bambú, bananeros japoneses, lapachos y cactus.
El jardín creció hasta convertirse en un atractivo que incluso recibió a la Reina de Noruega en su cumpleaños número 70. En 1995, el hijo de la pareja, Olav Bryn, y su esposa Siri, abrieron el jardín al público, añadiendo un restaurante. Hoy, la tercera generación —Endre Bryn y Hanne— está al frente del emprendimiento, que en 2022 incorporó un invernadero de 4 mil metros cuadrados diseñado por la firma Helen & Hard.
El invernadero permite producir alimentos y energía de manera sostenible. Su techo cuenta con mil metros cuadrados de paneles solares, que abastecen de electricidad en verano y calientan agua para mantener la temperatura durante la noche. El agua de lluvia se recicla para riego, y los estanques del jardín recolectan agua para uso durante todo el año. En su interior funciona el restaurante Jungle, además de espacios para eventos.
Con más de 12 hectáreas, el jardín se organiza en secciones que incluyen un jardín de bonsái, un jardín toscano, una laguna Koi y colchones de flores que desde el aire forman figuras de corazones. Olav Bryn describió el espacio como “inspirado en un arco iris”, combinando colores y texturas en un entorno que desafía el frío nórdico.
