Un recorrido por el delta del Mekong, desde Camboya hasta Vietnam, revela paisajes de arrozales, manglares y pueblos tradicionales que dependen de este río, uno de los más biodiversos del mundo.
Navegar por el Mekong evoca las inundaciones que describió Marguerite Duras en su novela El amante, que fluían paralelas al amor entre una adolescente francesa y un chino de 30 años cuando Vietnam y Camboya eran parte de la Indochina francesa. La película de Jean-Jacques Annaud puso imágenes a aquellas escenas literarias. Si aquella pasión permitió que Duras fuera escritora, las inundaciones del Mekong irrigan una de las mayores producciones de arroz de Asia.
Este coloso nace en la meseta del Tíbet, en la provincia china de Qinghai, donde lo llaman Lancang. Luego fluye por Myanmar, Laos, Tailandia, Camboya y Vietnam, donde se divide en nueve brazos –nueve dragones– que se disgregan en arroyos y canales secundarios, formando islas e irrigando un delta de 40.000 kilómetros cuadrados, hasta morir en el mar de la China.
El delta del Mekong cubre el 12% de la superficie de Vietnam y provee a sus habitantes el 20% de su alimento. Es uno de los ríos más largos –casi 5000 kilómetros– y biodiversos del mundo, solo superado por el Amazonas. Alberga 1000 especies animales y vegetales, como el bagre gigante del Mekong y la raya de agua dulce.
En Camboya, el río es la arteria vital que atraviesa el país de norte a sur. En Siem Reap, la laguna Tonle Sap alimenta los campos de loto. Visitar las plantaciones es un paseo imperdible: la mirada se pierde en un horizonte de flores rosadas. Para el budismo, la flor de loto simboliza la pureza del cuerpo y el alma que se eleva desde el barro buscando la iluminación. Los camboyanos aprovechan la planta completa: las flores van a los templos, las hojas se usan en la industria textil y la raíz se come.
La laguna Tonle Sap deriva en un río que se une al Mekong en Nom Pen, donde lo llaman Tonle Thom (Río Grande). La Sisowath Quay es la animada ribera de la capital, con restaurantes y cafés, donde los locales corren al atardecer y se relajan viendo la puesta de sol. Desde allí parten cruceros hacia Ho Chi Minh, en Vietnam, y embarcaciones rústicas que en cuatro horas llegan a Chau Doc, el primer pueblo vietnamita. El barco atraca en el único hotel cuatro estrellas del lugar.
Las casas de Chau Doc son pequeñas y tienen el frente abierto. Al caer la noche, los ocupantes se reúnen frente a una mesa baja y comen sentados en el piso, junto a pequeños altares a Buda iluminados con luces de neón. El paseo obligado es el bosque de Cajuput Tra, donde una alfombra verde de lentejas de agua parece un sendero. El sampán avanza silenciosamente, como si cortara un manto de césped brillante. Estas lentejas están en su pico entre septiembre y noviembre, temporada de inundaciones.
Cerca de Chau Doc están el Parque Nacional Tram Chim y el bosque de manglares de Tra Su, elegidos por fanáticos del avistaje de aves. Tram Chim, conocido como el Reino de las Aves, es un humedal de 7000 hectáreas y el cuarto sitio Ramsar de Vietnam. Allí vive la grulla de corona roja, en peligro crítico de extinción.
A 120 kilómetros al sur, Can Tho es un pueblo devoto de los neones de colores que adornan budas, puentes, barcos y edificios. Es punto de partida para visitar el mercado flotante de Cai Rang. Los tours parten del muelle del hotel a las 6 de la mañana en embarcaciones tradicionales tripuladas por mujeres vestidas con ao dai. En las márgenes del río se ven pequeñas fábricas de peces, piscicultura de agua dulce. El recorrido no es apto para veganos, ya que se camina por estrechos tablones sobre el agua y se ven decenas de bocas abiertas esperando alimento balanceado.
