Una chocolatería familiar en Vicente López, con raíces alemanas y más de 30 años de trayectoria, se ha consolidado como referente en la producción artesanal de trufas, atrayendo a vecinos y reconocidos chefs.
En una calle sin salida del barrio de La Lucila, en Vicente López, se encuentra «El Viejo Oso», una chocolatería que desde hace más de tres décadas se especializa en la fabricación artesanal de trufas. El emprendimiento familiar, iniciado por Hermann Bär en la década de 1940, ha logrado consolidarse como un proveedor para hoteles y restaurantes, manteniendo una producción de escala reducida y un enfoque manual.
La historia de la familia Bär en la chocolatería comenzó con Hermann, quien llegó a Argentina en 1939. Tras trabajar en distintas confiterías, en 1943 inició su propio negocio fabricando mazapán. Con los años, la empresa creció y se trasladó a Martínez bajo el nombre «Bariloche». Años más tarde, su hijo Claudio retomó el oficio y, junto a su socia y esposa Mirian Schoenfeld, se especializó en trufas a partir de 1990.
La calidad de sus productos llamó la atención del chef Gato Dumas en la exposición «Gourmandise» de 1991, lo que les abrió las puertas a importantes clientes del sector gastronómico. En busca de un espacio más adecuado, la familia se instaló en La Lucila, donde combinan un taller con un pequeño local de venta al público.
El nombre «El Viejo Oso» rinde homenaje al apellido familiar (Bär significa «oso» en alemán) y al espíritu dedicado de Claudio. Actualmente, la tercera generación continúa con la tradición, manteniendo la receta original y el proceso artesanal que caracteriza a sus trufas.
